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miércoles, 22 de enero de 2014

 Vida y destino 
Una novela y la libertad, aquí y ahora



En ruso Sonia es el diminutivo de Sofía; Sonia y Sofía no son dos mujeres diferentes, como en Venezuela, en Méjico, o en la España republicana o franquista. En Rusia, la blanca y la roja, con el mismo tren que llevó a Lenin y a John Reed desde la prehistoria hasta Finlandia, Sonia y Sofía es una sola mujer: el recuerdo de una niña jugando a las escondidas, y al mismo tiempo, una mujer con los ojos pequeñitos de intemperie, buscando en el recuerdo a través del humo del cigarrillo que fuma su primer esposo y que está sentado frente a una mesa de madera de Abedul, el techo bajo, las paredes abiertas por balas perdidas, las sienes borrosas y la mandíbula triste  por el almuerzo de un jueves, diciembre de 1943, en casa y sin noticias del hijo que está a orillas del río Volga, el frente de batalla a la invasión nazi.
En la mano y en silencio, 300 páginas después, otra mujer, Nadia, le dice a su padre: “Los revolucionarios son estúpidos o deshonestos; no se puede sacrificar la vida de toda una generación por una imaginaria felicidad futura…”.

“Maldita sea”, pienso.

Es temprano y llegan los periódicos a casa. Una página más y voy a oler la prensa, me digo a mí mismo al final del capítulo 49.

Todavía describen el asesinato de Mónica Spear, sociólogos, economistas y criminólogos, y hasta el padre de Spear comenta, con ese tipo de humildad cruel que sólo la muerte concede, sobre su hija, muerta como cualquier otro muerto a orillas de la carretera, en una fiesta o a las doce del mediodía, ella, la miss Venezuela 2004, asesinada por el “pobre mestizo” (las comillas son del Sr. presidente).
Entonces recuerdo que el padre de Nadia le pregunta si sus ideas son influencia de la filosofía del hombre con el que ahora está saliendo. Dentro de tres semanas va al frente. Ahí está toda la filosofía: hoy estás vivo, mañana ya no, –fue la respuesta de Nadia.

El Nacional y Tal Cual, nada más, esos son los periódicos que compramos en casa. Allí, las noticias desilusionan y asombran como la respuesta de Nadia: “15 homicidios semanales”, “los militares controlan el 25% de los ministerios”, “empresas del Estado sabotean construcción”. En Venezuela, toda la filosofía es una habladuría que los indiferentes y los cínicos aprenden de memoria para llegar al poder del partido y del Estado (Estado-Partido) y convencer a las masas, al pueblo o al país de la culpa, de la miseria y de la revolución, y transformar al venezolano personalísimo en una burocracia evangélica que recogerá la basura de las calles y bautizará a los niños con nombres raros. (La comuna es el infierno, decía Flaubert). Y lo insoportable es que estos cínicos e indiferentes de la comuna son, al parecer, los únicos que se enfrentan a la ironía, esa contradicción de tener y no tener dinero, paz u comprensión y que nos condena a la risa estúpida en todas las conversaciones.

“En la casa vacía y abandonada se había producido el último adiós con los muertos que se habían ido para siempre.”

Ahora sí, acabo de pasar la última página de Vida y destino, la novela de un periodista de la guerra, ruso, soviético (ucraniano), Vasili Grossman, el escritor que ha convertido a la honestidad en un asunto de guerra, el periodista de 135 kilos, miope y cojo, que logró un puesto, sano y a salvo, entre la censura, aviones y tanques soviéticos. Sano y salvo, digo, como si dijera “inteligente” y “valiente”: Imaginen a un hombre que escribe alternativamente artículos y crónicas entre el silbido y la pausa de un bombardeo que cae sobre las 1700 balas por minuto de la ametralladora MG42, operada por alemanes de 19 a 25 años de edad, que van a morir, alternativamente, por su raza y por algún himno de Wagner que suena en la razón y en la destrucción humana. Aún así, Grossman, que algún día llegará a escribir que el nazismo y el comunismo son la misma “inmundicia”, el mismo “Estado de partido”, “la forma diferente de una misma esencia”, escribe y publica para la Estrella roja, el periódico militar de la Unión Soviética, las descripciones de la II Guerra Mundial, el vacío natural y el retrato de la angustia de jóvenes militares rusos, el testimonio de los tanquistas y francotiradores y hasta uno que otro elogio que siempre serán publicados bajo sospecha en las páginas de La estrella…, pero la astucia de nuestro periodista es proverbial, fulminante y luminosa, y nunca escribirá ideas ni opiniones. La realidad era su única denuncia, su único silencio. Las opiniones y las ideas estaban en la mente de los censores.

Hoy y aquí, lunes o martes, Venezuela o Ucrania, 49 años después de su muerte, estoy en la misma habitación, mi cabeza, un espejo de paredes blancas y sucias, de piernas desnudas, de “15 homicidios semanales” y de 1150 páginas al borde de mi cama: Un hombre está preso, infecto de piojos, y habla con otro hombre, el que lo delatará la semana que viene. Un gulag y dos miembros del partido comunista. El nazi, compañero de la prisión oscura, se ríe de ellos. Los presos comunes, homicidas y violadores, los vigilan: son los guardias.

Esta novela es una historia, son historias más importantes que los recuerdos, donde la narración es un tratado sobre teoría política, sociología, historia, ética, ciencia, filosofía y religión, puestos como glosarios inscritos en los muros imperceptibles de la realidad y en la cabeza de unos personajes que no saben nada, que viven en una “deshonesta esperanza” y en la “discreción frente a las injusticias”. “¡Bondad ciega, insensata, perjudicial!” de niños, mujeres y hombres que hacen largas colas por un pedazo de pan o hacia la cámara de gas, que químicamente, y esto lo saben fascistas, nazistas, comunistas y socialistas, ¡el hombre!, es el mismo alimento para una misma cosa que se descompone sin importar las ideas o los sentimientos, el sabor o la mirada, que desaparecen entre insectos futuros, ignorantes y bajo la tierra que gira y gira mientras caen muros e inocentes. ¿Es la misma bondad? Grossman es un Dostoievski amable.

Un científico que trata de comprender cómo toda una vida es consagrada a la técnica y al valor del futuro como un hecho científico es reducida a chismes en el laboratorio entre espías y amigos. Una madre que espera a su hijo y sólo encuentra el rostro y el testimonio de jóvenes enfermeras. Un funcionario público, soviet chiquito, miente a los periodistas de 1943 sobre la situación en Ucrania (los rusos acabaron con pueblos enteros). Un nazi que admira a Stalin. La carta de Anna Semiónovna a su hijo Vitia. Judíos que cuidan celosamente su puesto en la cola de judíos que va a alguna parte. Un cura que explica por qué el celibato, moralmente, es tan igual a morir por una causa revolucionaria, –“ustedes dan su vida por el hombre, yo no me acuesto con mujeres por Dios” –. El capítulo 50 de la primera parte. Dos francotiradores que desaparecen cuando alguien hace una broma sobre los piojos en la espalda y en el sexo. El silencio de las balas perdidas y el polvo, hasta que al fin, un día, una niña juega con escarabajos, los besaba, les contaba historias, luego los soltaba y después se echaba a llorar, les llamaba por su nombre, les suplicaba que volviera.

Grossman jamás llegó a saber que su novela sería publicada, sólo se quedó con la soledad bien escrita entre discursos políticos y llamadas telefónicas, la reflexión sobre santos y teorías sociales que también cantan y describen el movimiento browniano alrededor del humo caliente de la cebolla para el escorbuto; solo, con el ánimo de diálogos y escenas en refugios y campos de concentración para judíos, gitanos, musulmanes estudiantes de arte en Berlín, presos políticos húngaros, hindúes de tren, calmucos, homosexuales y hombres con la nariz muy grande.
Solo, con la vida y la muerte, con “el amor ciego y mudo que es el sentido del hombre”.

En 1962 la KGB entró en el apartamento de Grossman y robó el manuscrito de Vida y destino. Allí estaba escrito: “ni el destino ni la historia ni la ira del Estado ni la gloria o la infamia de la batalla tienen poder para transformar a los que llevan por nombre seres humanos… y lo mismo para aquellos que ya han muerto”.
Yo, vuelvo a leer los periódicos de mi país y la noticia de la muerte de alguien más, injustamente, sin comprender, me da fuerza, vida y destino para ser libre, dolorosamente libre, pienso, y me siento ridículo con estas palabras, solo, indiferente, pero con ganas de escribir, reír, beber cerveza, conversar, fumar y caminar entre homicidas y corruptos. Estoy vivo.


Vasili Grossman

martes, 22 de mayo de 2012



Adinerados, hermosos, inteligentes y tan sensibles como para pensar en dinero y al mismo tiempo reír de lo que jamás podrá escribirse en verso. Un productor de Hollywood aparece y ni siquiera se habla de asesinatos ni de mujeres. Los personajes no aceptarán otra historia que ellos no quieran contar. Sigue la fiesta, la espera de que algo sucederá y no sucede por lo lento de las paginas que ya son pliegues para untar en el desayuno de Maury Noble o de el mismo Blockmann, ese productor de cine, aquél que el dinero siempre lo alejó de lo que sólo podía obtener con dinero. Esperan con la desesperación del champagne en un tren que pasa cerca de la casa de campo y a media noche. Gloria debió tomar ese tren. Mejor, dejemos hablar al alcohol, esa costumbre tan Nueva York 1930 que aún nos deja ese sabor hablador tan Caracas o apartamento maracayero un Martes a las 3 de la tarde con el Sol de cerveza encharcado en mentiras sobre contratos y oficinas, tan humano oro entre las persianas y la cabeza sin ojos. La guerra, tener miedo al salir de casa, escribir como esperando una bala perdida. Los amigos huyen, el penhouse ya no se puede pagar. El dinero es ciego como un mudo, esos amigos que no saben mentir y que se parecen al viento mezclado con ventilador. Alcohólicos de tanto viajar, tanto barco y treinta millones de dólares que aparecen de la nada, de repente, como el fantasma de lo inevitable, la perpetua herencia de una borrachera, de la sangre de la prohibición, de las estampillas que vienen de Venezuela y coleccionas  en los ojos perdidos de aquella mujer que conociste en la guerra y que sólo ha regresado para decir “te amo”. De todos los motivos mezclados con el saber y no saber, como la vida y la muerte, este nos hace pensar en un héroe anestesiado por una literatura que quiere ser una gran y única escena cinematográfica; no lo logra, pero el héroe… ¿Todos somos hermosos y malditos?

domingo, 3 de abril de 2011



Y otro hombre dijo:


---El momento más grave de mi vida, ocurrió en un maremoto de Yokohama, del cual salvé milagrosamente, refugiado bajo el alero de una tienda de lacas.



César Vallejo



lunes, 28 de marzo de 2011


Make me a mask



Conozco este verso, sí, lo conozco, lo leí en un cuento de Cortázar, cuando leía a Cortázar, cuando las vocales vigilaban todas la palabras, cuando un hombre se levantaba de la mesa y la ficción empieza y termina una y otra vez, tendía la cama, ajustaba la correa al pantalón, tal vez con el recuerdo de las olas en una playa muy cercana a la ciudad, cosida en sus manos, entre los dedos, mientras fumaba el cigarrillo común e inolvidable que me viene de Turgeniev y pasa por esa adolescencia peruana de piscina o pizarrón (Bryce Echenique o Vargas Llosa); de repente, aquella vez, pasaba de pagina, leía como quien encuentra lunares mientras se baña, y allí estaba, en ingles de tatuaje, el verso de Dylan Thomas, “make me a mask”. Música seca, hastío de la luz en cerveza caliente, burbuja que revienta en salivazo a un Jackson Pollock, palabras de río y niebla juntándose tímidamente para terminar por fin en copula de afiche y muro, de sonido y campana, ahora ya bastante campana hiriéndose al otro lado de la playa, a la próxima estación del metro donde Johnny, El Perseguidor, dejó su saxofón debajo del asiento, al otro costado del pez o del verso, o quizás al otro lado del muro o del humo de cigarrillo en la Rusia del siglo XIX cuando las mujeres no tenían lunares. Leía y borraba, leía y borraba, la vida era un inútil misterio que se acababa en la inocencia real del tiempo, la tierra era plana como las espaldas de mis primeras amantes, leía, leía, leía y borraba, nombres y techos, leía por los hombres y mujeres que imitaban la vida, mi padre o mi madre, el detective tal, el corredor de seguros cual, el sacerdote francés enamorado, mi hermano, la muchacha de senos grandes de segundo de bachillerato que luego cambié por “la mujer de senos apacibles como la lengua de una vaca”, Risso, Mersaul, Santos Luzardo, las arepas en el budare. Nunca olvidaré que aquella vez pensé que algún día escribiría sobre lo que estaba a punto de adivinar: No dejaré sonar este verso por mucho tiempo, si dejo que ese sonidito ayuno de las cosas se me escape con la fuerza carnosa de la oreja pegada al espejo, empezaré a imitar ese ingles que siempre me sabe a litografía de Lautrec, que en español sería algo así como “veo un siento volar”, “las niñas bailan cuando lluvia”, “tambor jardín desnudo”. Por eso escribo como un enemigo que se va siendo por dentro, como un espejo roto de alas y mudo de pliegues. Quiero obtener la transparencia de los dibujos que he borrado. Ahora soy un hombre de cara triangular, me veo, los ojos y la imaginación columpiándose en la boca. Hazme una máscara.

sábado, 19 de marzo de 2011

¿Sonríe, amor, sonríe?


Sylvia Plath no sonríe en español, pero tampoco en ingles. “Plateado y exacto” –se escucha– silver and exact, todo es plateado y exacto, todas las formas, la mujer, el viento, el mar. Sonríe, amor, sonríe, hoy eres cualquier mujer; mía, sola, del olvido perfumado, de los ojos abiertos, otra vez sola, de los malos fotógrafos, muerta. Each morning it is her face that replaces the darkness. Espejo carrusel de niña en todas partes, hasta en la mujer que te limpia el rostro. Mañanas cómplices. Pienso, hoy que la luna está más cerca a la tierra: El universo es la tristeza, el mundo es una sonrisa en cualquier rostro, una encerrona, jaula de dientes para la mordedura del deseo, para que la carne se haga sombra, lo que nunca seremos. Ya la luna se aleja otra vez, esa mentirosa.
Ahora soy yo el que te imagino, te hallo. Y me dices: Mírame, el corazón juega a los pliegues.



ESPEJO

Soy plateado y exacto. No tengo preconceptos.
Cuanto veo, lo trago inmediatamente
Tal cual es, sin empañar por amor o desagrado.
No soy cruel, sólo veraz:
Ojo de un pequeño dios, cuadrangular.
Casi todo el tiempo medito en la pared de enfrente.
Es rosada, con lunares. La he mirado tanto tiempo
Que creo que es parte de mi corazón. Pero fluctúa.
Las caras y la oscuridad nos separan una y otra vez.
Ahora soy un lago. Una mujer se inclina sobre mí,
Buscando en mi extensión lo que ella es en realidad.
Luego se vuelve hacia esas mentirosas, las bujías o la luna.
Veo su espalda y la reflejo fielmente.
Me recompensa con lágrimas y agitando las manos.
Soy importante para ella. Que viene y se va.
Todas las mañanas su cara reemplaza la oscuridad.
En mí ella ahogó a una muchachita y en mí una vieja
Se alza hacia ella día tras día, como un pez feroz.




MIRROR
I am silver and exact. I have no preconceptions. / Whatever I see, I swallow immediately. / Just as it is, unmisted by love or dislike / I am not cruel, only truthful –The eye of a little god, four-cornered. / Most of the time I meditate on the opposite wall. / It is pink, with speckles. I have looked at it so long / I think it is a part of my heart. But it flickers. / Faces and darkness separate us over and over. Now I am a lake. A woman bends over me. / Searching my reaches for what she really is. / Then she turns to those liars, the candles or the moon. / I see her back, and reflect it faithfully / She rewards me with tears and an agitation of hands. / I am important to her. She comes and goes. / Each morning it is her face that replaces the darkness. / In me she has drowned a young girl, and in me an old woman / Rises toward her day after day, like a terrible fish.

domingo, 13 de marzo de 2011

Un joven poeta argentino


Lucas Kahler


Acabo de leer un poema, yo, entre tanta invisibilidad futura, el poema de un joven pastor de sueños que recién despierta al mundo y respira como un nadador hacia el cielo. Su respiración es la de un caracol despedazado por la lluvia, a la orilla se convierte en playa y luego en hombre que se permite mirar atrás. Haya un error: el mar, un pedazo de mundo que le recuerda al mundo y no quiere más pensamientos, ni sensaciones, no quiere aproximaciones, no quiere la vida, (¿Qué poeta quiere la vida tal y como es?) pero este pastor no la llama por su nombre, sólo la acompaña atravesándola en el silencio de sus pocos años. ¿Y eso? -pregunta el viento-; "cierra los ojos y respira", cierra los ojos y respira responde el joven poeta de huesos claros que revienta las noches "más un millón de diamantes" y así va por el pasado gritándoles a las gentes: “Que te recuerden un mundo” como esos espejos a mitad de su realidad, a mitad de la vida, a mitad de la poesía, a mitad del poema que por vocación de río se detiene en la luz y la luna se hace porque no la nombra; por eso, el mundo calla, como siempre, pero hay más para este joven poeta argentino llamado Lucas Kahler que al cerrar sus ojos se convierte en ese arreglista de lo intuible que en los sueños llamamos voces y en la vigilia son esos puntos de lo visible que ya todos olvidan. Respira, respira, respira...





La Luna


El silencio se hizo dios
En este, un espejo
Mas un millón de diamantes
Te acompañan en la noche.
Atravesándolo ves un pedazo de mundo
Que te recuerda a tu mundo
Cierra los ojos y respira
¿Ves a la gente? ¿Tu vida? ¿Tu mundo?
¿El pasado? ¿El presente? ¿El futuro?
Hay más
Recuerdas los pensamientos, ¿pero y los sueños?
Los deseos y las tentaciones.
Respira
Abre los ojos y mira hacia el espejo
Piensa, recuerda, siente…
Respira
¿Ves tú mundo malnacido?, ¿tus monstruos amigos?
Sentidos, resonancia, percepción, habilidad, sentimientos, música, imaginación, comunicación.
Algo más.
Esta en tu sangre
Te lleva de ti
Respira…
Lo sientes como se mueve
Respira…
El espejo te observa
Respira…
Lo sientes como se aproxima
Respira
Olvidas, pierdes, tú pierdes.
Respira…
Ya no sientes como debes
Respira…
lo logro
Respira…
Ahora ves…
Ahora ves con otros ojos.
Hola,
desgracia.

martes, 22 de septiembre de 2009

Sólo eso pido, más que silencio. Más que el silencio de Chet Baker acostado sobre el suelo de una habitación de hotel en Amsterdan. Levántate y empínate sobre tu trompeta mientras escribo el miedo sobre todos estos diferentes sonidos viniendo de diferentes lugares. Dios a la altura de mi cabeza. La experiencia son esferas sonoras que vibran en la oscuridad. ¿Cuándo dejas de escribir?, cuando empiezo a escuchar voces…y después colgaron el teléfono.



El animal le habla al pensamiento: morder al suicidio en su pierna izquierda. El mundo se expande en cada mirada: trompeta inagotable, gotas secas del tiempo, segundos y vocales.

jueves, 27 de noviembre de 2008

LABERINTO



La voluntad espera constantemente
un deseo que no encuentra.
La palabra alto apasiona la ausencia
de chocarrería.
Una cicatriz hacia la noche
profana la reflexión.
Sólo queda ya distancia
incrédula.
Se me hace sufrir
porque conozco la indiferencia.
Banalidades embarcadas sin cesar
sobre sí mismas.
Los horizontes atraen los ojos
de nuestros sentimientos.
Francis Picabia

martes, 11 de noviembre de 2008

"Si no me viera tan forzado, obligado a ganarme la vida, te lo digo en seguida, lo suprimiría todo. ¡He rendido homenaje a los chacales!...¡Lo quiero!...¡Amable!...El don por adelantado...¡Algo a cuenta!...Me he zafado de la Suerte...?A la tortura! ¡Fiscales! ¡Bofia!...¡Uno, dos, tres libros admirables para que me ahorquen! ¿Y aún gimo? ¡He hecho el don! ¡He sido caritativo, vaya!.
El mundo de las intenciones me divierte... me divertía... ya no me divierte.
Si no me viera tan astringido, forzado, suprimiría todo...Yo me entiendo... El fondo sensible...".

(...)
"Un Dios que cuenta los minutos y los centimos, un Dios desesperado, sensual y gruñón como un puerco. Un puerco con alas de oro que cae en todas partes, panza arriba, deseoso de caricias. Es él, nuestro dueño. ¡Besémonos!".

Louis Ferdinad Celine (Viaje al fin de la noche)

viernes, 17 de octubre de 2008

¿Yo, bebido?


Quienes me conocen (ó creen conocerme) saben que no puedo presumir de abstemio y que el tabaco terminará por matarme un caloroso y asfixiante día de estos. Algunos ya ven mi muerte como un largo ritual de credo dionisiaco, como una neutral resistencia a los motivos religiosos monoteístas de mí familia; otros aseguran que se trata simplemente de un grave caso de fría alienación moderna y algunos otros no menos avisados anuncian el principio revelador de un sueño ó de un naufragio, tal vez sea cuestión de una genética que se muestra amenazada por mí naturaleza pacifica. Yo creo, y es aquí cuando la misma razón que me lleva al trasluz de la botella me exige decir: “Yo pienso”. Yo pienso que bebo porque no muero, no sólo quiero burlarme de San Juan de la Cruz, esa poesía tan desierta, tan dulce y tan conocida; sin embargo, no puedo negar que encuentro una mística aficionada cuando clarea el día y yo todavía me encuentro solo con mi trago arriba; pero no me gustan las justificaciones, por eso, bebo hasta sentir lo que no tiene finalidad, ¿Un fin?: nada, y como la vida carece de sentido, pues le digo a aquellos catedráticos de la domestica fascista moderna a lo que llaman sociológicamente como "Familia", y yo, "mi familia", que no pierdo el tiempo y jamás lo perderé con un trago de SomethingsSpecial en mi mano, ya que no hay más nada en el mundo carente de sentido que nuestra propia existencia, cualquier decisión no vale la pena. A toda esta desesperación y neurotismo que me rodea en círculos concéntricos hereditarios, les digo: Los maniquíes no enseñan a los hombres a vivir, es al revés. Existen necesidades más allá de la realidad, un punto en donde no estoy, en donde no me encontraré nunca, en donde ni siquiera espero porque odio esperar, pero aún así, siento la necesidad de estar allí, de conocer, de situar mi rostro frente a seres inexistentes, invisibles por mis ojos y mis recuerdos, personas que me olvidaran sin haberme conocido. Es lo que yo llamo la necesidad de un sueño por el instante. Quiero permanecer en el pensamiento en cuanto sea la sola dimensión del movimiento cautivo de las horas, pero quiero ensayar los sueños hasta que el olvido de cuatro mujeres puedan huir de esa isla a donde ha sido expulsadas como una neblina vacía.
Esa es mi relación con la humanidad cuando bebo.
La verdad no sé en qué planeta inventaron la moral, pero cuando el hombre bebe, ya sea de la cebada suave, de la caña reventada, de la destilación ó la vid; el alcohol se rebela ante la existencia y hace del conocimiento, ese hipócrita inmortal, la verdad sensual como una génesis fanática y sin paraísos, la sensibilidad cabalga sobre un buey equilibrista en la azotea de niños cabezones, la sangre se extiende como un gran río amazónico hacia el fin de la noche, todo el fin reunido en el tacto siberiano de las esfinges por las esfinges. No sé en qué planeta inventaron la moral, pero beber es una política correcta, una de las más honestas acciones sociales que he visto.

Ah, el licor revienta en los labios.

Pienso que a esta corta edad mi vida orgánica muestra signos de muy buena resistencia al delgado pero cortante daño que el alcohol hace a mi costumbre en-somática, por eso, cuando la verdad del vino pace por mi conciencia y ya la noche se recorta como aquellas mujeres confundidas en una blanca y extensa cama, yo alzo mi copa y digo con ó sin Lope de Vega: ¡Amar el daño!. El licor bebe por mis ganas y en niño rubio convertido corre bajo la lluvia negra que se desempeña por mí y por las selvas muertas mientras mi cuerpo de hombre egoísta sigue siendo el mismo adorador de la sensualidad derramada por todo el espíritu.

A través de una botella de hermoso licor mi cuerpo y mi alma se comunican, por eso, tanto silencio.

Lunes: Whisky con Whisky.
Martes: Whisky con la bella Silvana.
Miércoles: Fauna dialéctica en el Bar19.
Jueves: Boris Bueno guiaba a Copérnico sobre la mesa.
Viernes: Su cabello nadaba en cerveza, ¡Oh, la frívola lluvia que no cesa!.
Sábado: Iván Gutiérrez apareció en el rudo copeo.
Domingo: Una botella de buen vino con mi padre.

Larga semana que cubrió mi boca, parecía un mar y el horizonte, una curiosidad llevada hasta la manía, hasta el vicio, y digo vicio porque, en materia de arte y de reflexión, todo lo que no degenere en fervor un poco perverso es superficial, es decir, infra-real.
Bebo porque no muero, bebo porque creo en los abismos, en el suelo de los abismos donde la mejor humanidad florece como los balcones de una calle asustada por sus destinos.





Je bois
Systématiquement
Pour oublier les amis de ma femme
Je bois
Systématiquement
Pour oublier tous mes emmerdements
Yo bebo
Sistemáticamente
Para olvidar a los amigos de mi mujer
Yo bebo
Sistemáticamente
Para olvidar todos mis rollos.


Boris Vian, ese maravilloso vago y snob, uno de mis jazzistas franceses predilectos, el único que conozco, uno de los más tiernos y divertidos escritores y poetas franceses, si es que se puede ser todo esto en uno. Aficionado por burlarse de todas las miserias humanas nos dice en su petit jazz, “Je bois systématiquement…”.
Yo lo sigo: Sistemáticamente por lo que nunca he escuchado, sistemáticamente por (y con) mis fantasmas, sistemáticamente por mi Dios arrodillado, sistemáticamente por el absurdo de mí novia muerta, sistemáticamente por los accidentes de transito, sistemáticamente por la torpeza que deja caer un vaso de vidrio, sistemáticamente por todo, por nada…
¡Que hermosa la voz de este escritor, poeta, cantante, inventor, ingeniero y músico francés, Boris Vian, el también tierno pornográfico Vernon Sullivan; aunque la melodía y ritmo musical de sus composiciones tienen mucho del aburrido Broadway, del monocorde fondo musical de la cinematografía norteamericana de 1920 que me hace recordar a un triste y sádico Mickey Mouse en blanco y negro.
El alcohol en mis venas constituye un estado bio-químico que se sublima en un Ser justo, amable, comprensivo, generoso, simplemente hermoso. Una vez perseguí a una mariposa con el humo del cigarrillo que salía de mí boca, y la ayude a volar.
Beber, con mis manos las cosas preceden a los adjetivos, neblinoso amanecer, ¡Crucifícame con tu beso!, coloque usted por favor los puntos y las comas que crea usted pertinentes, yo ahora no puedo hacerlo.
Beber es una práctica heterodoxa que salvará al mundo de los cazadores furtivos y de las noches incomprensibles. Dios incompetente tráeme otro sustantivo!!!!!!!!!!!!!!!.
Desde el azul de mis manos bebo en la contemplación de mi mismo, sin narcisismos soy como nunca podrá hacerlo nadie…tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace, otra sombra de hombre, como yo con esta botella de…

lunes, 11 de agosto de 2008

Decálogo más uno, para escritores principiantes

Juan Carlos Onetti

I
No busquen ser originales. El ser distinto es inevitable cuando uno no se preocupa de serlo.


II

No intenten deslumbrar al burgués. Ya no resulta. Éste sólo se asusta cuando le amenazan el bolsillo.

III

No traten de complicar al lector, ni buscar ni reclamar su ayuda.

IV
No escriban jamás pensando en la crítica, en los amigos o parientes, en la dulce novia o esposa. Ni siquiera en el lector hipotético.
V
No sacrifiquen la sinceridad literaria a nada. Ni a la política ni al triunfo. Escriban siempre para ese otro, silencioso e implacable, que llevamos dentro y no es posible engañar.

VI

No sigan modas, abjuren del maestro sagrado antes del tercer canto del gallo.

VII

No se limiten a leer los libros ya consagrados. Proust y Joyce fueron despreciados cuando asomaron la nariz, hoy son genios.

VIII

No olviden la frase, justamente famosa: 2 más dos son cuatro; pero ¿y si fueran 5?

IX

No desdeñen temas con extraña narrativa, cualquiera sea su origen. Roben si es necesario.

X

Mientan siempre.

XI

No olviden que Hemingway escribió: "Incluso di lecturas de los trozos ya listos de mi novela, que viene a ser lo más bajo en que un escritor puede caer."

sábado, 5 de julio de 2008

Decálogo del perfecto cuentista
Horacio Quiroga
I

Cree en un maestro -Poe, Maupassant, Kipling, Chejov- como en Dios mismo.

II

Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en domarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.

III

Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia.

IV

Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.

V

No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.

VI

Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: "Desde el río soplaba el viento frío", no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o asonantes.

VII

No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.

VIII

Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos no pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.

IX

No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino

X

No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento.

martes, 13 de mayo de 2008

El pastor y el jesuita de la flauta
Compañeros del alma, companeros
(La amistad entre Ramón Sijé y Miguel Hernández)


Prólogo a Perito en Lunas
(Primer libro de Miguel)


Cuando la poesía es un grito estridente -de madrugada en flor fría-, cumple el poeta su primera luna reposada; es el poema terruñero, provincial, querencioso de pastorería de sueños.
Cuando es aterradora la pregunta "La poésie, est-elle dépendante de la poétique? ou poétique et poésie, du poéme?", nace el religioso albor de su segunda luna: poesía literaria, resonante de voces y reflejos; con fundadora alegría de romancero entrañable; obra conseguida con mínimos elementos, con mínimo esfuerzo.
Cuando el poeta es recta unidad y torre cerrada, cruza, pariendo, su tercera luna: es el poema de rito inefable, producto de la acción transformante y unificante de una realidad misteriosa; es la estrella pura, en delirio callado de tormentas deliciosas.
Miguel Hernández (nacido el 30 de octubre del año de gracia poetica de 1910, en Orihuela, lugar situado a 50 kilómetros de Alicante, a 20 de Murcia), ha resuelto, técnicamente, su agónico problema: conversión del sujeto poético. Porque la poesía -y su poesía, con musculatura de grumete- es, tan sólo, transmutación, milagro y virtud.
Ramón Sijé


Elegía
(De El rayo que no cesa)

(En Orihuela, su pueblo y el mío, se me
ha muerto como del rayo Ramón Sijé, con
quien tanto quería).


Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera;
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y en tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata le requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

Miguel Hernández

jueves, 8 de mayo de 2008

Juan Carlos Onetti
(Su primer poema)

La balada del ausente


Entonces no me des un motivo por favor
No le des conciencia a la nostalgia,
La desesperación y el juego.
Pensarte y no verte
Sufrir en ti y no alzar mi grito
Rumiar a solas, gracias a ti, por mi culpa,
En lo único que puede ser
Enteramente pensado
Llamar sin voz porque Dios dispuso
Que si Él tiene compromisos
Si Dios mismo le impide contestar
Con dos dedos el saludo
Cotidiano, nocturno, inevitable
Es necesario aceptar la soledad,
Confortarse hermanado
Con el olor a perro, en esos días húmedos del sur,
En cualquier regreso
En cualquier hora cambiable del crepúsculo
Tu silencio
Y el paso indiferente de Dios que no ve ni saluda
Que no responde al sombrero enlutado
Golpeando las rodillas
Que teme a Dios y se preocupa
Por lo que opine, condene, rezongue, imponga.
No me des conciencia, grito, necesidad ni orden.
Estoy desnudo y lejos, lo que me dejaron
Giro hacia el mundo y su secreto de musgo,
Hacia la claridad dolorosa del mundo,
Desnudo, sólo, desarmado
bamboleo mi cuerpo enmagrecido
Tropiezo y avanzo
Me acerco tal vez a una frontera
A un odio inútil, a su creciente miseria
Y tampoco es consuelo
Esa dulce ilusión de paz y de combate
Porque la lejanía
No es ya, se disuelve en la espera
Graciosa, incomprensible, de ayudarme
A vivir y esperar.
Ningún otro país y para siempre.
Mi pie izquierdo en la barra de bronce
Fundido con ella.
El mozo que comprende, ayuda a esperar, cree lo que ignora.
Se aceptan todas las apuestas:
Eternidad, infierno, aventura, estupidez
Pero soy mayor
Ya ni siquiera creo,
En romper espejos
En la noche
Y lamerme la sangre de los dedos
Como si la hubiera traído desde allí
Como si la salobre mentira se espesara
Como si la sangre, pequeño dolor filoso,
Me aproximara a lo que resta vivo, blando y ágil.
Muerto por la distancia y el tiempo
Y yo la, lo pierdo, doy mi vida,
A cambio de vejeces y ambiciones ajenas
Cada día más antiguas, suciamente deseosas y extrañas.
Volver y no lo haré, dejar y no puedo.
Apoyar el zapato en el barrote de bronce
Y esperar sin prisa su vejez, su ajenidad, su diminuto no ser.
La paz y después, dichosamente, en seguida, nada.
Ahí estaré. El tiempo no tocará mi pelo, no inventará arrugas, no me inflará las mejillas
Ahí estaré esperando una cita imposible, un encuentro que no se cumplirá.

sábado, 12 de abril de 2008

La balada de la masturbadora solitaria



Anne Sexton




Al final del asunto siempre es la muerte.
Ella es mi taller. Ojo resbaladizo,
fuera de la tribu de mí misma mi aliento
te echa en falta. Espanto
a los que están presentes. Estoy saciada.
De noche, sola, me caso con la cama.
Dedo a dedo, ahora es mía.
No está tan lejos. Es mi encuentro.
La taño como a una campana. Me detengo
en la glorieta donde solías montarla.
Me hiciste tuya sobre el edredón floreado.
De noche, sola, me caso con la cama.

Toma, por ejemplo, esta noche, amor mío,
en la que cada pareja mezcla
con un revolcón conjunto, debajo, arriba,
el abundante par espuma y pluma,
hincándose y empujando, cabeza contra cabeza.
De noche, sola, me caso con la cama.

De esta forma escapo de mi cuerpo,
un milagro molesto, ¿Podría poner
en exibición el mercado de los sueños?
Me despliego. Crucifico.
Mi pequeña ciruela, la llamabas.
De noche, sola, me caso con la cama.

Entonces llegó mi rival de ojos oscuros.
La dama acuática, irguiéndos en la playa,
en la yema de los dedos un piano, vergüenza
en los labios y una voz de flauta.
Entretanto, yo pasé a ser la escoba usada.
De noche, sola, me caso con la cama.

Ella te agarró como una mujer agarra
un vestido de saldo de un estante
y yo me rompí como se rompen las piedras.
Te devuelvo tus libros y tu caña de pescar.
El periódico de hoy dice que os habéis casado.
De noche, sola, me caso con la cama.

Muchachos y muchachas son uno esta noche.
Se desabotonan blusas. Se bajan cremalleras.
Se quitan zapatos. Apagan la luz.
Las criaturas destellantes están llenas de mentiras.
Se comen mutuamente. Están más que saciadas.
De noche, sola, me caso con la cama.


3 de febrero de 1964

lunes, 17 de marzo de 2008

La vuelta a la realidad en ningún día
(Prologo a un libro de Boris Bueno que todavía no ha escrito)

Nada, es evidente. Pero seré realista, aún más realista que ayer: por qué no poder escribir sobre lo que no existe todavía, sí la realidad es excesiva y a nadie importa que los seres y la belleza del mundo estén perdiendo pureza, el prologo a un libro que no existe no sería paranoia, ni ficción, ni vanidad; del tiempo y el pensamiento nace cualquier cosa. Allí estan las ciudades invisibles, las axilas voladoras, los caballeros sin armaduras, esferas en medio de los mares, el eterno movimiento de las sombras y todos nosotros enfermos pero vivos entre segundos, minutos y horas.
Lo único que puedo decir para comenzar es que no todo prologo se escribe con los ojos abiertos.
Nada puedo escribrir sobre lo que es, porque nada es, nada hay, ninguna palabra escrita sobre papel. Escrito está sobre su nombre todo lo que será, pero yo estoy antes, aquí delante de lo que pueden ver solamente mis ojos. Puedo ver la realidad cautiva en este brutal segundo sin pasado. No habita nadie pero Boris Bueno permanece en algún lugar, sobre su ausencia.
Este libro que no existe, no estará hecho de palabras, sino de otras palabras culpables, profugas.
La palabra "tema" debería desaparecer del español, es inutíl, inerte, vacía, es asfixiante, es asesina de su propio origen. No hay "temas" solo está la realidad inmensa y voladora y el hombre a pie del lenguaje en el umbral de su consciencia.
Todo lo que queda es libertad para escribir, Boris Bueno es el hombre más libre que yo he conocido. Aunque para él hasta la esperanza es un concepto, diría que un concepto inventado en las iglesias por discipulos de San Gregoriano, éste libro que todavia no existe pero que ya es un hecho en todas sus desapariciones, entre belleza, libertad, finalidades y espejos como telones está (debería decir: desparrama) todo este libro que todavía calla porque busca silencio para mejores capitulos y portadas.
Este escritor cautivo pero fiel, meditabundo y maltrecho, obsesionado, sardonico, intimo publicista, hombre de las más hermosas contradicciones, traficante de sus mismos hechos, impudico idealista e ideologo de la rabia y la luz; está aqui y esperará el amanecer que no era hasta el fin y muchos lo llamarán comienzo.
La realidad no puede; volvemos, pasamos y regresamos, para Boris Bueno es ningún día.

sábado, 23 de febrero de 2008

La traición y la causa
(Jack Kerouac lee "On the Road")

Es un proceso difícil el de conocer el tiempo que sucede en cada instante perseguido por las palabras, pasas horas y horas en la misma incomprensión y hasta a veces sin saber que todo pertenece a una lucha sin sentido por lo mismo que no tiene fin, porque el tiempo es un infinito en donde la nada y el todo se juntan. Algunos hombres, y me cuento entre ellos, renuncian a la búsqueda de certidumbres, entonces, cada segundo se destruye en una tímida explosión interna contra las cosas inmoviles (la costumbre) y re-aparecen como intensos suicidas de un bien que sólo ellos conocen y que repiten una y otra vez hasta el olvido; estos hombres abandonan la búsqueda de cualquier certeza y prefieren hacerse de un estilo próximo al tiempo maniquí e indiferente que vive en su brevedad eterna. Tengo la idea de que el mejor estilo literario en este sentido se encuentra en el escritor norteamericano Jack Kerouac. Su prosa aunque estrecha en situaciones es libre en el dialogo de sus personajes, cada uno de ellos es una referencia a la libertad del hombre común, porque los hombres comunes también puden ser libres. La literatura del futuro está en el lenguaje, en las conversaciones en un bar, en lo que se dice en los autobuses, en el sentir de cualquiera sin ambiciones, ¿Quién se atrevería a narrar las preocupaciones y cuestionamientos de un cientifico que busca la cura contra el cáncer?; con esto no quiero decir que lo mejor sea escribir una novela que trate sobre el diario de una prostituta caraqueña, simplemente es la convicción de que las palabras merecen libertad más allá de cualquier idea, psicologismo ó sociologismo intelectualizante. Los personajes estan en sus palabras y no al revés.
Todo esto me hace pensar en algo así como una literatura civil pero vagabunda, errante, una literatura para la traición a la cultura, el tema: Latinoamerica (¿Qué hace un escritor mexicano relatando e imaginando personajes en los días en que calló el muro de Berlín?), aunque siga siendo barroca detrás de un montón de causas como aquello de que el tiempo y la arquietectura es todo el paisaje y definen la vida ó el destino de los hombres. ¡Al diablo con Carpentier!.
Debe ser tan simple como lo dice Dean Moriarty en "On the road": -Sigue, todo lo que haces es bueno. -¡Sí! ¡Eso es! ¡Valla! ¡Fuu! -Y, secándose la cara con el pañuelo, añadía-: ¡Muy bien, hombre! ¡Hay tantas cosas que hacer, tantas cosas que escribir! Cuánto se necesita, incluso para empezar a dar cuenta de todo sin los frenos distorcionadores y los cuelgues como esas inhibiciones literarias y los miedos gramaticales...

sábado, 6 de octubre de 2007

Sobre el dolor y la voluntad de una voz

Camarón de la Isla

Desde las profundidades todos los hombres somos ésta voz, la voz de Camarón de la Isla; creo infinitamente, como escribió alguna vez Shopenhauer, que si el objetivo más próximo e inmediato de nuestra vida no fuese el dolor, nada más habría carente de finalidad y sentido en el mundo que nuestra propia existencia. La voz de Camarón es el arte por el dolor. La única certeza que tengo en mi vida, la vida en 21 años y en vueltas alrededor de mi mismo, es que el sufrimiento es la esencia humana. Creo que soy más feliz en la conciencia de mi propio dolor. Cuando por primera vez escuché la eterna y desgarradora voz de Camarón de la Isla sentí que él hablaba de mi dolor, de lo que siento al ver mi circunstancia de pájaro sin vuelo, sentí que era mi hermano y que cantaba por mí, cantaba mi dolor y mi dolor fue belleza, la belleza tratando de contener en sus manos cada una de sus lamentaciones. El cante profundo de mi corazón en sus labios de arena y de fuego . La raza que me escucha y me comprende. Todos los hombres nacimos de alguna forma en la belleza del dolor, el dolor de todos lo hombres, el dolor que Camarón canta y dice como aquel poeta: "Lo feliz es triste".

lunes, 24 de septiembre de 2007

No hay silencio en la fotografía
(Cometario a dos fotografías de Oriana Mejías)

Asistimos al sentir que ella busca en el mundo, y cuando digo "mundo" digo ciudad, presenciamos todo lo que tiene que decir la distancia de su misma esencia, el tiempo de la luz y la ternura a lo cercano: inmovíl desespero, pasión inutíl, deseo que nos llama en cada voz de ésta triste, sucia y vacia ciudad que es Maracay. -Mirar-, cada una de estas fotografías nos reclama, nos exige, nos necesita y volteamos a ellas con la misma indiferencia con que vemos a un niño amarrarse las trenzas, podemos pasar por un lado y dejar que el niño se confunda y se caiga después de algunos vacilantes pasos sobre la acera. La imagen es el origen de lo que somos más allá de lo que miramos todas las mañanas en el claro y limpio espejo del baño; la fotografía que Oriana ha tomado en cualquier lugar de Maracay, ¡cual sea!, coincide perfectamente con el niño cayendo y llorando sobre el pavimento, corriendo sin saber y ahuyentado las palomas de la plaza y otras plazas sin nombres. La fotografía es el niño timido y llorando, nosotros somos aquel que vemos sus rodillas sangrar (vemos la fotografía) y seguimos, s eguimos como la cinica música de los bares más baratos del centro.

Hay una linea muy fina al fondo que nos descubre la intima relación entre la distancia, la forma y el color. No sé porqué pero ésta foto hace sentir nostalgia, tal vez son los árboles que se esconden como sombras, algo así como si quisieramos olvidar.


First Sunset
Sólo una idea, alguien dijo una vez que una ciudad era sólo una idea. No quiero argumentar sobre tal ó cual corriente de pensamiento estetico, pues, Oriana nos deja solos con la experiencia de la imagen, de la luz y de la sombra que viene después. Tal vez puedo recordar algún viaje ó tal vez en algún momento de mí vida: el cielo, la linea que enamorada de la forma sin ser vuela levemente y retorna hasta uno mismo. Simplemente es algo en mí como aparecen la felicidad o la trsiteza . ¿Quién no ha vivido la experiencia de una fotografía?. Ahhh...Sentir, sentir y continuar el camino de la vieja y fiel memoria.

Centro de poder
"Realidad con cielo de fondo", así hubiese yo titulado la anterior fotorgrafía. Pero el talento de ésta fotografa va más allá de adjetivizar, su talento está en encontrar el universo en una cascara de núez, la belleza donde jamás se ha visto. Ésta fotografía contradice la idea de Kant de que la "belleza es un fin sin finalidad". La imagen es pura y su fin es la realidad misma, esa realidad que no calla, es un grito y está perdiendo pureza mientras dejamos de ver.
Oriana Mejías es una joven fotografa venezolana, amante del fútbol, ciudadana con cámara, una artista vidente; aunque no sabe titular su trabajo fotografico.

viernes, 7 de septiembre de 2007




¡Tú también morirás, morirá todo,
y en el silencio infinito
dormirá para siempre la esperanza!.



Miguel de Unamuno